SLOW LIFE

No sé si os suena la expresión “slow life” o “slow food”, es algo que a mí me llama mucho la atención, y ahora más que nunca. He empezado a leer y a recopilar información sobre este movimiento y he visto conveniente compartirlo aquí. Me lo tomo como una fuente de inspiración, como un estilo de vida que muchas veces pongo en práctica sin darme cuenta. Mi vida ha ido cambiando a lo largo de los dos últimos años: he introducido el ejercicio físico con el yoga, he introducido la meditación, el calmar mi mente, el poder de controlar mis pensamientos, así como la pasión por la buena alimentación, respetar la naturaleza y aprender a vivir despacio, prestando atención al presente, dejar de preocuparme por un futuro incierto y desanclarme del pasado.

Acabo de comprobar que la vida da un giro cuando menos te lo esperas. Te pilla desprevenido y debes reaccionar de la mejor manera posible. Así que me he dado cuenta que a lo largo de estos meses he ido entrenando mi mente y cuerpo para hacer frente a este tipo de huracanes que llegan sin avisar y te lo desmontan todo. No digo que sea de hierro, pero el hecho de agradecer cada noche antes de acostarme durante cientos de días me ha ayudado a seguir agradeciendo en estos momentos difíciles. El hecho de controlar mis pensamientos, me ha ayudado a borrar la negatividad que tenía la semana pasada y aceptar y entender lo ocurrido.

No soy una experta en nada, no soy un monje budista, no soy un gurú, no soy Dios. Solo soy una chica a la que, como todos, le van pasando cosas y va aprendiendo por el camino. APRENDER A APREHENDER, me repetían en el cole, así que aquí estoy, siguiendo aprendiendo cada día, aprendiendo a vivir de la mejor manera posible y no caer, seguir adelante con una sonrisa.

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SLOW LIFE

Este movimiento nació en Italia en el año 1986 cuando abrieron en la Plaza España de Roma un McDonalds. Periodistas de los diarios locales organizaron una manifestación en contra de la cadena, y creyeron conveniente promover la “lentitud en la comida, los productos naturales, las recetas locales, y el deleite en el sentido del gusto, sin prisas”. El periodista que bautizó el movimiento fue Carlo Petrini, y en 1989 se convirtió en una asociación internacional. Actualmente, cuenta con más de 100.000 socios y está presente en 160 países, con sedes nacionales en Italia, Alemania, Suiza, Estados Unidos, Japón, Reino Unido y Holanda.

Aquí dejo el enlace de la web del movimiento Slow Food de España, en la que podéis encontrar mucha información sobre esta filosofía gastronómica: http://slowfood.es/

Por otra parte, la idea “slow” se trasladó a otros ámbitos de nuestra vida, convirtiéndose en un estilo de vida con una filosofía propia. De este modo, encontramos el slow life, slow sex, slow work, slow school, entre otros.

El movimiento Slow da “herramientas a los individuos para que sus existencias no sean una mera sucesión de escenarios encadenados, desprovistos de emociones” y es “una fuente de placer, útil para alejarse de una vida estandarizada regida por el minutero de nuestro reloj de pulsera, sometida por una velocidad que erradica nuestra capacidad para disfrutar del momento esperado cuando este por fin asoma”.

(vía http://movimientoslow.com/)

Con la llegada del capitalismo, se nos impuso la mentalidad de hacerlo todo más rápido y, si podemos hacer más de una cosa a la vez, mejor. Este estilo de vida, este estrés al que estamos sometidos tiene negativas consecuencias en nuestra salud. Todo esto sé que no es nuevo, pero a veces se nos olvida y es momento de para quietos y tomarnos un respiro.

“Larry Dossey, médico estadounidense, ya hablaba en la década de los 80 de la “enfermedad del tiempo”. El síntoma de esta enfermedad en las sociedades modernas es la lucha contrareloj que nos proponemos en la realización de algunas de nuestras actividades diarias. Continuamente queremos hacerlo todo más rápido, terminar antes una cosa para empezar la siguiente… En definitiva ir más rápido.”

“Un estilo de vida rápido equivale a atareado, controlador, agresivo, apresurado, analítico, estresado, superficial, impaciente y activo; es decir, la cantidad prima sobre la calidad. Lento es lo contrario: sereno, cuidadoso, receptivo, silencioso, intuitivo, pausado, paciente y reflexivo; en este caso, la calidad prima sobre la cantidad.”

(vía https://estilodevidaslow.wordpress.com)

No sé tú, pero yo me veo 100% identificada con esta forma de pensar. Podría decir que formo parte de este movimiento slow, y del cual quiero seguir aprendiendo y aplicarlo a mi día a día. No hace falta hacer un cambio radical en nuestra vida, pero sí podemos introducir pequeños cambios como ya he ido mencionando en mis publicaciones. Puedes hacer estiramientos en la cama nada más abrir los ojos, prepararte un rico y sano desayuno, comer despacio, pensar en el día que tenemos por delante, prestar atención al “ahora”, respirar tranquilo, meditar, hacer el deporte que te gusta, pasar tiempo con familiares y amigos, cambiar tu dieta y apostar por productos locales, reducir la ingesta de carne, leer, escuchar música…

En definitiva, vivir despacio y en armonía con el entorno.

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Namaste

I’m a magnet for the goodness of life. I attract beautiful experiences, qualities and situations. Love, peace, abundance and joy are coming my way. All good things flow to me, and I receive freely without hesitation. I am free. I am blessed. I am whole. I am one with all that is. – R.B.

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