Dejar ir

Del cuaderno al blog:

Una parte de mí se encuentra en Isla Reunión. Sí, yo también tuve que buscar en Google Maps dónde estaba eso la primera vez que oí tal nombre. Pues bien, esa parte imprescindible de mi vida se llama Silvia y estamos en contacto prácticamente a diario. Nos conocemos de sobra y, lo queramos o no, nos suelen pasar las mismas cosas.

Una no siempre puede estar al 100% y por varios motivos hoy no es uno de mis mejores días. A todos nos han hecho daño alguna vez, a todos nos han fallado los que menos esperas que lo hagan. Mientras ella me consolaba vía notas de voz de whatsapp, ha salido el tema de la cura detox. Me ha propuesto hacer la limpieza detox que trato en este blog, pero con personas.

A ella le gusta escribir y la verdad es que se le da bien, muy bien. Os recomiendo su último post en el que nos clasifica los tipos de gente tóxica que tenemos a nuestro alrededor, una derivación de la conversación que hemos mantenido hoy.

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Desde que empecé con el yoga, inevitablemente cambió mi forma de pensar y de ver las cosas. No sé si llegar a decir que me volví más positiva. De alguna manera u otra, intentas “dejar ir” todos aquellos pensamientos innecesarios que crea tu mente. Ya hablé de esto anteriormente, así que no entraré de nuevo en este tema.

No sé que pretendo con este escrito, supongo que solo quiero enfatizar que si nos proponemos cambiar la forma de ver las cosas, “cambiar de gafas”, como dice Silvia, todo nos irá mejor. 

Aunque siempre intente mirar las cosas con perspectiva y analizar hasta qué punto “eso” merece que le dedique tanta energía mental y preocupación, a veces decaigo y pierdo. Pierdo el control de mis pensamientos y entro en ese bucle de difícil salida conocido como “comerse el tarro”. Cuando me doy cuenta, ya he soltado más de una lágrima y es cuando decido ponerle fin. Aquí es cuando entra en juego la “mente yogi”. 

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Un baño en las cascadas de las Smoky Mountains, Carolina del Norte. Foto: Neus Margarit

De este modo, esta mañana he decidido salir de casa y caminar. Mientras bajaba Rambla Cataluña, he puesto en práctica el ejercicio de vivir el momento. Observaba mi cuerpo, mi respiración, cómo mis piernas se movían (me acordé del relato de Cortázar que me enseñaron hace poco titulado “Instrucciones para subir una escalera”), y en no pensar en nada. Inhalar, exhalar, repetir. Y funciona.

Déjalo ir. Deshazte de aquello que te hace daño. No vale la pena. Me repito constantemente mi mantra “I’m at the right place, at the right time. Thank you, thank you, thank you. Love, love, love.”

Solo déjalo ir, Neus.

Move with love and love will move with you. Give love. Give all you got. You can never run out.

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PD: Molts d’anys, papà.

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